martes, 22 de septiembre de 2020

Otoño 2020

Quien siga mi blog o actividad pajaril telemática sabe que ando un poco de capa caída, desde hace ya muchos años, debido al desencanto que supuso para mi inmiscuirme tan profundamente en los entresijos de una actividad tan deleznable como necesaria, la tenencia en cautividad de animales, especialmente de aves, algo que, a priori, choca frontalmente con los principios de conservación y respeto por la naturaleza; especialmente sabrá el lector que me refiero a la avicultura, la deportiva, pues la extensiva, la cientificamente respetuosa con los principios esenciales de la conservación, es en la que apuntalé mis valores y objetivos, y aun asi me siento falto de espacios de mayor libertad para mis animales, tiempo para cuidarlos y mejorar sus instalaciones, dietas y demás aspectos esenciales de sus vidas: Todo ello me ha hecho también dudar mucho del poder del asociacionismo, pues al final  -a las pruebas me remito-, la avicultura en general y los Agapornis en particular, no deja de ser un mundillo en el que por lo que realmente se mira es por el interés personal, nunca el de los animales -siempre hablando de forma genérica, incluyendo a un servidor-. Ciertamente para que la actividad conservacionista pueda desarrollarse bien, la única formula conocida realmente efectiva es la conjugación del interés personal, con un buen proyecto y respaldo económico, apoyo institucional y gubernamental y, por supuesto de la comunidad científica...  (no es el tema de fondo).

Llevo varios años pensando en esto, viéndolas venir, por eso este final del verano de 2020 he dado el paso, me he vuelto a centrar, esta vez en una sola especie, los Agapornis nigrigenis, evidentemente ancestrales, sin mutaciones (fenotípicas al menos) .

A.fischeri de 9 y 12 años (anillas BVA227)

Solo quedan en mi aviario, además de mi colección de A.nigrigenis, esas dos hembras viejas de A.fischeri de la foto, con unas anillas un tanto especiales (BVA227) y que por su edad, 12 y 9 años respectivamente, no estaban en condiciones de iniciar una nueva vida en Bélgica. El resto de mi colección de A.fischeri, dado que ya no podía mantener más cruces genéticamente viables sin aumentar mucho la consanguineidad -que me obligaban a adquirir nuevos ejemplares-, me han hecho desprenderme de ellos; pero no de cualquier forma, la verdad es que hace muchos años que no tengo que preocuparme por dar salida a mis animales, de hecho no es ni ha sido nunca mi objetivo, al revés, me estresa sobremanera todo el proceso de "envío"  o "recogida", pero lo mejor de todo es que gracias a la calidad de ejemplares que tengo y mi radical forma de ver las cosas, me han hecho que no tenga ni que anunciar que tengo excedentes, así que me puedo permitir el lujo de elegir yo a los dueños de las aves que salen de mi aviario, pues novios tienen en medio mundo; sinceramente no facilito aves a quien no creo que las va a cuidar bien. Y eso he hecho, solo una pareja ha quedado en España, para un socio de AECA que empezó hace relativamente poco tiempo y que me pidió una pareja justo en el momento en que estaba negociando la salida de todos los demás fischeri de mi aviario, el hecho de que sea de un pueblo muy cercano al mío me hizo decidirme para elegirle una pareja muy buena; los demás han ido a uno de los grandes criadores internacionales de esta especie, continuador, espero, de esta labor de conservación de ejemplares de "fenotipo ancestral".


Así que me quedo con el ave que realmente me enamoró hace ya más de 12 años, el Agapornis nigrigenis, ahora con todo mi aviario dedicado solo y en exclusiva a ellos, a mantener todo el tiempo que pueda una gran colección de ejemplares de fenotipo totalmente ancestral y con una genética perfectamente controlada... (por ahora).

Además, un hecho ocurrido hace una semana me ha hecho despertar nuevamente del letargo pajaril en el que me asiento tras llegar la primavera y juntar a los animales en colonias exteriores, una baja ocurrida por un descuido absurdo, tanto mío como del difunto ejemplar, un A.nigrigenis fue cazado por una Lechuza, de mi voladera nueva; una hembra muy buena, de líneas LPF, que dormía en una esquina de la voladera, demasiado "a mano" de unas zarpas y unos ojos que en la noche todo lo ven. La rapaz solo pudo comerse la cabeza, el resto del cuerpo no pudo sacarlo... Como dice otro buen amigo, las aves de jaula son presas ideales para las rapaces urbanas, es la propia ley de la naturaleza, que para unas aves también caídas en desgracia, como las lechuzas, cuya población disminuye también drásticamente, supuso una pérdida mucho menos dolorosa que las que he podido tener por motivos más "humanos"...

Así que le doy un poco de vidilla a mi afición; esto es un paso adelante, nunca atrás, y un poco de literatura lo refuerza... aquí sigo y seguiré, espero que ellos, mis nigrigenis, mucho mejor que ahora y, conservándolos, para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario